País: Estados Unidos
Año: 2006
Título internacional: 16 blocks
Guión: Richard Wenk
Director: Richard Donner
Actores: Bruce Willis, Mos Def, David Morse, Jenna Stern, Casey Sander, Cylk Cozart, David Zayas, Robert Racki, Patrick Garrow, Sasha Roiz, Conrad Pla, Hechter Ubarry, Richard Fitzpatrick, Peter McRobbie, Michael F. Keenan.
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Pura rutina. Un film que no llama la atención ni por ser bueno ni extremadamente malo. De ser bueno habríamos visto (por fin) una buena película con Bruce Willis; de ser malo habríamos reído un rato pero 16 calles es una película gris.
Cuando veo a un Willis cuya caracterización de policía panzón y cincuentón es digna de algún sketch de Saturday night live, cansado y conformista, me pregunto si no es hora de que Willis se tome vacaciones.
Una vez que decidí que no vale la pena concentrarme en Bruce, Mos Def, que interpreta al recluso que debe ser acompañado 16 calles para testificar ante al tribunal, es el candidato elegido para observar, aunque minutos más tarde mis oídos gritan socorro. Es que su personaje imposta una voz nasal irritante como pocas y en la sala sobrevuela el deseo de que 16 calles fuera una película muda.
A esta altura Bruce Willis tiene su marca: hablar poco y tirotear mucho. Un fanático de Bruce puede encontrar el film disfrutable pero entiéndase bien: fanático. Nadie más.
La primera hora de historia lleva un ritmo y toma caminos que luego se desinflan. Se huele a un policía arrepentido (Willis) y se disfruta a un maldito policía (David Morse) que es lo mejor del largometraje. David Morse está tan hundido en la corrupción de sus actos que hasta parecen naturales, tanto como para un verdugo admirar su hacha.
Pero lamentablemente aún queda una hora de película más en la que aparecen polaroids que nos recuerdan a Arma mortal (por la dupla &-#8220;blanco y negro&-#8221;) también dirigida por Donner y alguna instantánea de Máxima velocidad (es que cuando me aburro juego a las 7 diferencias).
Al fin y al cabo una vez más hollywood tira la piedra y esconde la mano. Se abren puertas interesantes, caminos algo más &-#8220;elevados&-#8221; que transitar pero inevitablemente toman el atajo que los trae de regreso a casa. Como el camino me lo sé de memoria, sólo espero llegar sana y salva, mientras tanto suena en los títulos de cierre Barry White y me pregunto de dónde saqué la regla que me impone nunca irme de la sala en la mitad de una película.