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Operación Threshold: La señal alienígena

Por fin he tenido ocasión de ver el primer episodio de Operación Threshold, y con todas las piezas juntas, ya puedo comentar acerca de esa famosa señal. Para el que no conzca la serie, todo comienza cuando cerca de un barco en alta mar, aparece un extraño objeto que emite un peculiar sonido. Dicho ruido afecta a los tripulantes, de forma que algunos mueren pero otros mutan. Su ADN se convierte en una triple hélice (otro día comentaré ese detalle) y les da una fuerza y resistencia sobrehumanas. Bien, resulta que todo es grabado por una videocámara, y el mero hecho de ver la grabación, afecta a tres de los protagonistas, alterándoles la mente de alguna manera. En episodios sucesivos se ve cómo a un niño se le graba accidentalmente la señal en un CD, una chica la escucha a través de un contestador automático (su novio la llamó por teléfono en ese momento) y la pasa a MP3, y cómo no sólo afecta a seres vivos, sino a aparatos electrónicos, creando una especie de virus informático.

La verdad es que se juntan tantas barbaridades, que es difícil empezar por algún sitio. Esta serie promete ser un filón (lástima que la emitan tan tarde). Bueno, empecemos por la señal en sí. En el primer episodio queda claro que se trata de una señal acústica, es decir, sonido. Tres protagonistas son afectados sólo con ver la grabación de la videocámara, y en posteriores episodios, diversas personas son afectadas únicamente al escuchar una reproducción de la misma. También queda establecido que la señal tiene componetes de muy alta frecuencia, y que si se eliminan, es relativamente inocua. No cambia a una persona, aunque un ser afectado previamente por la señal puede ver alterado su comportamiento.

Veamos, el mero concepto de poder alterar al ADN de una persona, o crear un virus informático en un dispositivo con cierta capacidad de proceso, es pura fantasía. El sonido es una vibración mecánica que se transmite por un medio material (como el aire, o nuestro propio cuerpo). Ciertamente, puede causar ciertos efectos. Un sonido de volumen elevado, puede causar daños a objetos y personas, puesto que la vibración que se produce en el objeto puede ser suficientemente violenta como para quebrarlo físicamente. Este efecto es mucho más acusado a determinadas frecuencias, que varían dependiendo del objeto, debido a un fenómeno llamado resonancia.

Resulta que algunos objetos o sistemas tienen una frecuencia natural de vibración. Si golpeáis (con cuidado) una copa de cristal (preferentemente bueno), escucharéis un pitido durante unos segundos. La frecuencia principal de ese sonido, es la frecuencia de resonancia de la copa. Si hacemos vibrar la copa a esa frecuencia de forma externa, como por ejemplo, con un sonido de suficiente volumen, la copa podría hacerse añicos. Sin embargo, hay otro factor determinante a tener en cuenta, y es el llamado factor Q (o factor de calidad). El factor Q nos viene a decir cómo de buena es la resonancia del sistema, o dicho de otra forma, cuando más bajo sea el Q, más intensidad necesitamos aplicar a la vibración. El ejemplo de la copa de cristal es bastante extremo, ya que esos objetos suelen tener un Q alto. Además, hay sistemas que no son resonantes en absoluto. Probad con una caja de carton mojada, a ver qué pasa.

En la serie, se lleva ese concepto a un extremo absurdo, en el que determinada combinación de frecuencias, puede reprogramar el código genético de un ser vivo, o un dispositivo electrónico, llegando incluso a que un aparato pueda realizar acciones totalmente fuera de su diseño. Así, en una de las salas del barco había una serie de osciloscopios, en los que se dibujaba el icono de tres ramas, tan característico de la serie, algo totalmente imposible (tal vez otro día entre en detalle con esto). Uno de los personajes, para explicar que no es una idea tan disparatada, pone como ejemplo el hecho de que un teléfono móvil pueda producir un tumor cerebral. Bueno, aparte de ser algo alarmista, es un muy mal ejemplo, ya que el posible daño que pueda producir un móvil, no viene de su altavoz, sino de su antena, es decir, lo que tanto preocupa a algunas personas, es la radiación electromagnética que emite, no el sonido. Una señal electromagnética no tiene nada que ver con una sonora (salvo que son oscilaciones). Ya lo comenté en una ocasión a raíz de un bulo acerca de abrir la puerta de tu coche con el móvil.

Bueno, imaginemos que nos creemos que se puede hacer, que los alienígenas son muy listos y han averiguado que al someter determinadas moléculas a determinadas vibraciones, se pueden conseguir determinados efectos (y que esas vibraciones sirven tanto para el ADN como para microchips). Si grabamos esa señal sonora, a menos que utilicemos un equipo de alta fidelidad, estaremos distorsionando inevitablemente la señal. Incluso un sistema Hi-Fi tiene sus limitaciones. El oído humano no puede captar ningún sonido por encima de los 20 khz, por lo que ningún sistema de sonido, por bueno que sea, tiene en cuenta frecuencias a partir de ese límite. No digamos una videocámara de mano, cuyo micrófono no creo que sea de mucha calidad, precisamente. En uno de los episodios, se llega más allá, y una chica es afectada por escuchar una parte de la señal grabada en un contestador automático, procedente de una llamada telefónica. Bien, las lineas telefónicas no son precisamente paradigma de fidelidad de sonido. No sé en EEUU, pero aquí en España, el ancho de banda de un canal de telefonía convencional es de 4 khz, es decir, no se transmite ninguna frecuencia por encima de los 4 khz. Y no sólo es una cuestión de limitación de altas frecuencias, sino que los elementos involucrados (micrófonos, altavoces) pueden alterar levemente la amplitud o fase de la señal de forma diferente, dependiendo de la frecuencia. Un sistema de alta fidelidad está diseñado para minimizar estos efectos, pero no se puede decir lo mismo del micrófono de un teléfono. Además, luego graba ese sonido en su ordenador, en formato MP3. Esto distorsiona aún más la señal, ya que el formato MP3 comprime los datos utilizando algoritmos con pérdida, es decir, que es matemáticamente imposible reconstruir la señal original, de forma exacta. Normalmente esto no es problema, ya que los algoritmos están basados en el hecho de que nuestro oído es incapaz de detectar determinadas variaciones, de forma que en algunos casos puede que no seamos capaces de notar la diferencia. Pero en el caso de esa señal, esa diferencia puede significar que deje de funcionar. De hecho, ya en el primer episodio se afirma que eliminando las altas frecuencias, se puede escuchar la señal sin peligro, y los protagonistas lo hacen en alguna ocasión.

Bueno, podría seguir y seguir, pero creo que de momento ya vale. Prometo dedicar más envíos a esta serie, aunque iré alternándolos con otros para no aburrir al personal.




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