Google
 
Web www.granainfo.com

UNA ESTUPIDEZ POSTJUERGA ALEJADA DE LO COMÚN

La mujer que salía acompañada de aquel señor padre de familia. Ella nos dio más señas de lo que era ese lugar. La nena no pasaba de veinte años y la cuarta parte de su cuerpo estaba envuelto en un vestido de tono rosaincandescente, dos minipiezas: era una puta a leguas. Claro, habría que añadir a los tacos aguja, la mirada cazadora y la voz impostada del tipo "me soplas un poquito en la oreja y me excito" que se le escuchó al dar las gracias a alguien que no logramos ver.

¿Cómo llegamos ahí? La borrachera extrema. Era una estupidez post juerga.

((Estupideces postjuerga: lo que los sobrevivientes hombres de un grupo que inicialmente fue mixto suelen hacer, ya borrachos, para matar el tiempo un rato más. Su frecuencia es irregular (días, semanas, meses, años) se da por temporadas lo suficientemente disímiles como para no establecer cánones. Claro, lo único constante es que se da siempre y cuando no se haya ligado con alguna chica o uno no se haya terminado como se propuso en un principio (naturaleza del objetivo inicial: de inspiración libre). Hasta ahora, todas las estupideces post juerga suelen tener la inocencia equivalente a ir a tomar un caldo de gallina, sin importar la naturaleza de la acción misma ni del contexto en que se realice (ejemplo: la que se trata de narrar en esta ocasión). Es más ir a tomar un caldo de gallina está en el listado de las estupideces postjuerga más recurrentes, aunque, a diferencia de otras posibilidades, la señalada (la del calderón de gallina) a veces suele ser providencial y necesaria))

Así que entramos. La flacacasi calata de rosa era solo el principio. Abajo abundaban, aunque con más trapos. Había que seguir las escaleras rumbo a un sótano. "Esto es el paraiso", dijo uno. "Pero al paraíso se sube, no se baja", dijo otro. "Qué paraiso, no hablen cojudeces, esto es el infierno, voy a pecar", agregó un tercero.(Risas).

Algo que se coló de otra realidad: ni bien entramos empezó un número de baile típico, un huayno. "A ver, a nuestros clientes, despejen la pista de baile que va a empezar un chou para nuestros friens los turits que nos acompañan, &wqHCocKh-senkiu, senkiu!!!", se escuchó a un locutor invisible. A lo mejor era el dios/demonio de ese paraíso/infierno; superior, omnipresente, inmortal, todopoderoso. Recordé el inicio de un libro de Cabrera Infante hasta que. Decepción: es el mismo retaco que nos cobró las entradas arriba. Aunque con los dos pies sobre la tiera, está como en posición fetal debajo del escenario del dj. "¡Senkiu, senkiu!"

Y empieza el zapateo. Y un par de gringos haciendo payasadas al lado de los bailarines. Recuerdo que, antes de lograr no juzgar a nadie por su apariencia, pensaba que si se ve ridículo un latino que quiere parecerse a un gringo, la ridiculez se multiplica por un millón en el caso inverso.

Ah, el baile, sigamos: improvisaron un concurso. Ganaba una jarra de cerveza el que bailaba mejor el huayno. ¿Quién ganó? Sí, el gringo. Cogió su jarra, un polo y una gorra con el logo del local, se le pegó a una puta, la besó, le agarró el culo, la nalga derecha, casi se caen. Tropiezan, se levantan y, siempre de la mano de de su ocasional acompañante, la flaquita, feliz, busca el lado más oscuro. Desaparecen.

((Recordé a mi amigo Naman, un paquistaní que vive en Pennsylvania y que había visitado el Perú unos tres años atrás. Cuando llegó a Lima descubrió que su prometida (peruana ella) tenía un matrimonio establecido, hijos, una vida que el desconocía, no le había contado. Optó por no verla más y empezar a conocer el país por su cuenta. Fue a Cusco y no rechazó lo que para él fue una ganga. "Ten soles, man, ten fucking soles, man... for a very hot mami", me contó. Pobre, parece que reflexionó algo de lo que hizo cuando le dije que más caro me salía comprar tres snickers de su tienda))

Ya, mucha antesala. Tuve un flashback cuando entró uno de los futbolistas que fue subcambeón de la Libertadores con Cristal. Han pasado nueve años. Yo estaba en 4to de secundaria. El pata ese se metió el gol de su vida. Fue frente a Racing de Avellaneda, en el estadio Nacional de Lima. Me siento viejo y me pago la exclamación mental de siempre. ¡Cómo pasa el tiempo!

Pero vamos a lo que me llevó a contar esto.

Estoy en la barra con mis amigos. Una se acerca. Me mira, se ríe. Yo tomo la cerveza que vino gratis con la entrada. Se acerca. Es puta, obvio. "Putaza, brother", me dicen. "Vamos a reirnos un rato, me estoy aburriendo", les digo. A veces, cuando estoy con ganas, con frecuencia más irregular que las estupideces postjuerga, suelo ser el gracioso del grupo. Se acerca y empieza a hablarme. Vamos a reírnos un rato, dije.
-Hola, te veo cansado.
-Sí, he trabajado todo el día. ¿y tú?
-No, yo no, jaja. Pero es 28 de julio, bebé, nadie trabaja en estos días. ¿Qué haces para trabajar en fiestas patrias?
-Ah, este, mmm, soy psicólogo. Tú sabes pues, la locura no conoce de feriados, no es nadita patriota.
-Sí, pues, mmm, oye, yo creo que estoy loca, ¿qué te parece?
-¿Por qué lo crees?
-No sé, ahora estoy loquísima ¿Quieres analizarme?

Y me agarra de la mano y me jala a la pista de baile. Y baila. Muy sexy, obvio. Demasiado. Tenía la misma mirada que la del vestido rosa.

-¿Y no me vas a analizar?
-¿Te gusta venir aquí?
-No pues, empieza por mi nombre.
-¿Para qué si no te voy a ver de nuevo?
-Sí, ¿no? Bueno, bebé, suelo venir casi todos los fines de semana.
-¿Y te gusta?
-Sí, encuentro lo que quiero. Ya sabes cómo es, ¿no?
- Claro, yo vengo aquí siempre. Oye, ¿y qué quieres?
-Dinero, yo vengo aquí por dinero.
-¡Manya!
-¿Manya? ya ves, no vienes aquí.
-No es necesario venir seguido para saber que eres puta.
-¡Oye, háblame bien! ... Sí pues.
-¿Y te da para vivir?
-¿Qué?... claro, claro, estudio odontología, doy en mi casa, me compro mis cosas.
-¡De puta madre!
-Sí, también tengo un hijo.
-Y un sentido del humor de put... perdón.
-Bueno, psicólogo. Si me quieres sacar son 50 dólares, el hotel lo pones tú, pero uno decente, ¿no?
-Mira ve, justo acabó la canción.

Daddy Yankee dejó de estar Seguroski, luego de Lo que Pasó, Paso.

-Chau psicólogo.
-Ja, chau.

Y nos fuimos caminando por separado. A los veinte minutos, la puta, futura dentista, anónima, madre, loca, buenhumor, se acerca nuevamente.

-Chau psicólogo, ya cayó uno.
- De put... sorry, estoy borracho... chau, cuidate.

Fue un diálogo extrañísimo. Lo único rescatable de esa noche. Por lo distinto, digo. Con la gente, mientras subíamos las escaleras riéndonos, juramos nunca más volver. Fue una estupidez postjuerga alejado de lo común.
Ya afuera, nos contamos como cuando la profesora de kinder cuenta a sus alumnos al finalizar la excursión o una visita al museo. Este tipo de cosas solo se hacen entre amigos que se conocen desde que se reunían a jugar con el Atari de algún hermano mayor. Faltaba uno.


Portada | Categorías | Agrega tu blog | Contacta | Acerca de Granainfo | Site | crear fotolog
Todo el contenido del blog está bajo licencia Creative Commons. Granainfo 2006.