Shortening y togas gigantes
Ayer pensaba que quizá si los trayectos de regreso a casa fuesen un poco más largos cuando voy manejando, las decisiones y reflexiones que hago en esos viajes serían más acertadas y más profundas (respectivamente).
Claro que la variable tiempo no asegura nada, más aún si me acuerdo que, por configuración genética, soy bastante indeciso.
En fin, basta de reflexiones al vuelo. Hoy es día de togas. Raro que un día así se pase casi como cualquier otro. Había que vivirlo para darse cuenta de que la adrenalina real corre el día de la defensa y, por ende, luego se disfruta mucho más.
(Claro que, en mi caso, es fácil elegir: aquel día eresfea agasajó con paella y syrah en la previa, más unas medialunas calentitas. Hoy como pasta recalentada en el diario y difícilmente llegue a merendar un alfajor).
Hablando de alfajor, necesito desdecirme. No hagan caso al párrafo anterior. ¡Quiero decir, no coman más alfajores! Esta semana B. me dijo que los hacen con una mierda llamada
shortening que tapa las arterias.