Ni gatos, ni cacos
Esta mañana al levantarnos, descubrimos que la puerta de la casa se había quedado toda la noche abierta de par en par, mi esposa, al percatarse de la grave situación, salió corriendo a la cocina, y yo detrás de ella, después de chequear se volteo y con un ademán de tranquilidad me dijo: "Menos mal que no entró ningún gato que nos armara el gran desastre con la basura".
Pues ni gatos, ni cacos, definitivamente por estos lados se está muy tranquilo y seguro.