Negro
Recuerdo la vez que me propusieron ser negro de un escritor. O más bien, de alguien que iba a publicar un libro pero que no sabía escribir (¿no hay leyes contra estas cosas?). No dudé un instante en responder que sí: la posibilidad de colar homenajes a mis amigos en un texto ajeno, bromas internas, guiños y bombas de relojería era demasiado tentadora. Sin embargo, el libro nunca se llegó a escribir. Ahora tengo que escribir un discurso de agradecimiento para alguien querido, y aunque lo intento, no se me ocurren maldades que esconder entre líneas.&oA-