Ya los primeros rayos del día
iluminan mi rostro enfermo.
Ya los cantos matinales
apaciguan este tormento.
Atrás quedan las sirenas
que empujan mar adentro.
Atrás quedan los fantasmas
que acompañan a mis miedos.
Pero qué pronto vuelves temor,
disfrazado de noche,
arrastrando mi sufrimiento.
1999